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  7/06/2017

La industria los prefiere premium

Computex ha vuelto por sus fueros este año como ´la` feria de referencia que marca la tendencia en componentes para ordenadores, en un momento crucial de este mercado. Se observa una inclinación de los fabricantes de PC hacia la gama premium: equipos de sobremesa cuya  potencia elevará sus prestaciones. Apenas ha habido novedades en los segmentos medio y bajo, pese a ser muy demandados por los consumidores. El esfuerzo industrial – y por consiguiente el de marketing – está visiblemente condicionado, más que nunca, por la rentabilidad sin concesiones. La batalla por ganar cuota de mercado ya no es relevante: importa más el margen de beneficio.  Otra lección aprendida.

Las prestaciones van a subir, y con ellas subirán los precios. El mercado podrá crecer más o menos – más bien menos – pero se polarizará en gana alta y gama baja, a su vez segmentada por lo que ha dado en llamarse ´casos de uso`. A esta regla se atendrá la oferta de los vendedores.

En línea con esta tónica, los anuncios más destacados en la feria han sido la gama i9 de procesadores desktop de Intel; la plataforma de Qualcomm que conjuga chips ARM con sistema operativo Windows; la tarjeta gráfica 1080 de Nvidia para ultraportátiles y la inminencia de los nuevos procesadores y gráficas de AMD. Las cuatro empresas se llevaron el protagonismo, con el objetivo de dar más lustre a las ventas de PC del otoño e invierno próximos.

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En los últimos meses, se ha registrado un ligero incremento global en la facturación de la industria del PC, sin un aumento correlativo del número de unidades despachadas. La expresión más notoria de esto ha sido el caso de Intel, que en el primer trimestre ha tenido una subida del 6% en sus ingresos por venta de componentes a los fabricantes de PC, pese a una ligera caída en volumen. Evidentemente, el contraste se debe a que Intel ha vendido procesadores de precio medio más alto, gracias a que el mercado ha demandado máquinas con prestaciones superiores. En otras palabras, una capa de usuarios parecen dispuestos a desembolsar más dinero a cambio de más prestaciones, y las marcas – al menos las principales – estarán encantadas de darles gusto. La suma de costes de los componentes – chipset, tarjeta gráfica, memoria SSD – necesariamente eleva el precio final del equipo.

Mejor no anticiparse. La mayoría de los anuncios hechos en Computex han tenido como característica común una notable falta de concreción: poco o nada se ha dicho de ´detalles` tales como precios, especificaciones y calendario de los productos mostrados fugazmente en escenarios distantes. En algunos casos, las decisiones más comprometidas no se han tomado todavía; en otros, no se hacen públicas en espera de que el competidor muestre sus cartas. Dentro de uno o dos meses, empezará la ronda de contactos con mayoristas y distribuidores que aclarará mucho el panorama. La rivalidad en esta industria no da tregua y todos buscan su espacio propio en el mercado, pero en 2017 no se sacrificarán los márgenes, porque los accionistas no lo tolerarían.

El segmento de uso más apetecido del momento es, una vez más, el gaming, tanto en equipos de sobremesa como en portátiles. Sus prestaciones son más altas y sus compradores aceptan precios en consonancia con las cualidades que esperan. En cierta proporción, desplazan a las estaciones de trabajo, cuya demanda absorben: profesionales y creadores de contenidos están usando equipos que han sido concebidos originalmente para los jugones. Las clasificaciones se van haciendo difusas.

Como está mandado, el anuncio principal de Computex ha sido protagonizado por Intel. Que la compañía tenga el ojo puesto en otros mercados, no significa que olvide de dónde viene. Fue también el estreno en público de Gregory Bryant, nuevo responsable de la unidad de negocio de procesadores para sobremesa y portátiles tras un corrimiento – y van muchos – de funciones directivas en Intel.

La compañía anunció la introducción gradual en los próximos meses de la serie X de Core i5, i7 y la completamente nueva i9 con “prestaciones extremas” que complementará las otras dos. La serie X prolonga la séptima generación de proceso – los 14 nanómetros – pero pasando de los cuatro núcleos actuales a más de dieciocho núcleos en versiones prometidas para el futuro. Realmente, no se trata de dar un salto tecnológico sino de llevar al límite las posibilidades existentes. Porque lo pide el mercado y porque lo necesitan las cuentas de resultados.

La introducción de los modelos más avanzados de la serie X, de la que aún falta conocer detalles imprescindibles, planteará cambios radicales en la arquitectura de los ordenadores. De entrada, una placa base completamente nueva y componentes más caros. Sin alcanzar el tope previsto de prestaciones, la serie X contará con algunos procesadores asequibles, que podrían estar en venta a finales del verano. Sin disimulo, están pensados para contrarrestar la llegada de los Ryzen 7 que AMD ha presentado hace pocas semanas. Con este retorno a la dualidad de suministradores, se pueden esperar modelos interesantes por parte de los fabricantes de ordenadores.

En esto se nota la reaparición de AMD como alternativa histórica a Intel en la arquitectura x86. Aparte de más procesadores Ryzen – que no por casualidad llevan los numerales 3, 5 y 7 – AMD se guarda dos ases que no ha querido anunciar en Taipei, aunque sugiere que esto no retrasará su llegada al mercado. Una de esas cartas es la gama que, todo lo indica, se llamará Ryzen 9. La otra será la renovación de sus tarjetas gráficas Polaris y Vega. Por lo tanto, los compradores tendrán, dentro de pocos meses, mucho más donde elegir en un mercado, el de los desktop, que dista mucho de haber entrado en la decadencia que algunos se precipitaron a declarar.

Desde luego, también se han producido anuncios interesantes en materia de portátiles. Uno de ellos, la introducción de la tarjeta GTX 1080 de Nvidia, hasta ahora sólo disponible en ordenadores de sobremesa. A falta de análisis precisos, es probable que esta gráfica en un portátil no alcance el mismo rendimiento pero lo compense con un menor consumo energético. En consecuencia, los portátiles del próximo otoño podrían tener más opciones.

Otro anuncio que puede dar mucho juego en el segmento de portátiles es el tándem formado por Qualcomm y Microsoft en lo que ha dado en llamarse Snapdragon 835 Mobile Platform. Conjuga el chip del mismo número basado en la arquitectura ARM – hasta ahora utilizado sólo en smartphones –  y el módem X16 LTE, ambos de Qualcomm. El Snapdragon 835 está fabricado por Samsung con reglas de diseño y proceso de 10 nm, que en esto se adelanta a los Core de Intel y a los Ryzen de AMD, aunque se trate de un parámetro discutido.

Integrando el chip se consigue reducir casi a la mitad el tamaño de la placa, dejando espacio para más batería o bien para hacer más pequeño el equipo. La plataforma utiliza el sistema operativo Windows 10 completo – la fallida experiencia de Windows RT ha dejado malos recuerdos en las dos compañías – da a entender que servirá para fabricar portátiles más potentes con amplia autonomía, reduciendo eso y tamaño. Vamos, el sueño de muchos usuarios, si además bajan los precios.

Tanto para Qualcomm como para Microsoft el movimiento es estratégico. La primera quiere ir más allá del binomio smartphone-Android, a la vez que restañar las heridas de su combate judicial con Apple. Microsoft, por su lado, aspira a extender el uso de Windows en el variopinto y no precisamente boyante mercado de las tabletas. De lo anunciado se desprende el deseo de superar las limitaciones de los Chromebook así como de las versiones capadas de Windows. En este empeño, los socios han conseguido el apoyo inicial de HP, Lenovo y Asus, que prometen lanzar productos con distintos ´factores de forma` bajo sus marcas. Se presume que serán atractivos, pero de momento son sólo palabras.

[informe de Lluís Alonso]


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