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  15/02/2019

´Neophones` para escapar del atolladero

Es natural preguntarse si en el Mobile World Congress se van a presentar novedades susceptibles de revertir el declive de la demanda de smartphones y si el declive es coyuntural o duradero. Los fabricantes bregan desde hace tiempo buscando fórmulas que ayuden a diferenciar sus productos de los rivales, pero el problema va más allá: la saturación del mercado global ha empezado por donde más duele, por los modelos premium destinados a asegurar la fidelidad de los usuarios con más poder adquisitivo (o los más caprichosos). Esa estrategia no ha mejorado los resultados económicos, ni es seguro que vayan a mejorar  con los smartphones 5G, cuyos primeros prototipos se verán en Barcelona.

El concepto iniciado por el iPhone en 2007 se está quedando sin fuelle y fuerza un cambio de modelo de negocio. El esqueleto es el mismo, pero la evolución que  más éxito ha tenido es formal, el tamaño de pantalla como ingrediente del uso masivo de contenidos de  vídeo que no ha hecho más aceptable la subida de precio de los premium más recientes. Como el objetivo obvio de la industria es elevar sus márgenes (o al menos preservarlos), las cuentas de los fabricantes se han torcido.

Las mil variantes que se han probado en torno al esquema parecen agotadas. El último grito, que arribará con el Galaxy S10 la semana que viene, consiste en incluir una cámara frontal bajo la superficie de la pantalla, incrustada en un círculo negro pero ¿apreciarán los usuarios la ventaja de la novedad sobre la muesca superior adoptada no hace tanto? ¿Será un motivo suficiente para reactivar el ciclo de renovación?

Las apuestas por otras funciones vistosas tampoco se han impuesto a la  indiferencia: el desbloqueo por reconocimiento facial y la mejora constante de la resolución han sido asimiladas, pero no entusiasman. Ahora, el sensor fotográfico parece entrar en otra competición por multiplicarse – el Galaxy A9 lleva cuatro cámaras traseras – y ha reavivado la inútil carrera de los megapíxeles.

Por consiguiente, se confía más en el software, que en las promesas de la inteligencia artificial. Pero de esta sólo se percibe, de momento y sólo en ciertas marcas, la incorporación de asistentes personales todavía en su primera infancia. ¿Recarga móvil? Claro que es una salida al problema consustancial de la batería, pero no está menos condicionado por el precio.

Nuevamente la cita anual de Barcelona será este año un muestrario de iniciativas para reactivar la demanda. Abrirá el juego Samsung cinco días antes, con su presentación del Galaxy S10, en el que la marca coreana pone sus esperanzas de superar la apatía de la demanda.

Se han creado justificadas expectativas en la promesa de un smartphone plegable de Samsung. No es la única marca que cuenta con la tecnología, pero es la que tiene el marketing capaz de llevarse el gato al agua. Huawei preanuncia un modelo en esta nueva categoría, mientras LG se resiste a dejar de competir en esa gama. LG sugiere que podría presentar el domingo 24 un smartphone desdoblable con segunda pantalla. Motorola rescatará de su memoria una nueva versión – quizá plegable – del legendario Razr.

Por su ´usabilidad`, los smartphones plegables rompen el esquema que ha durado más de una década. El usuario tendrá un móvil de tamaño estándar que opcionalmente podrá expandir para contenidos visuales más ricos, hasta alcanzar el tamaño de una tableta. No está claro que el tamaño de los modelos preanunciados sea lo suficientemente compacto para agradar ni se sabe qué duración tendrá la batería. Claro está que no serán baratos. Lo que no impide que sean la idea más rompedora en años.

Hay más propuestas rondando. Esconder la cámara frontal tras la pantalla es una, pero la más audaz sería la eliminación de botones y ranuras. En los ´neophones` que vienen, el volumen y el inicio/apagado emplearán  un sensor háptico.

Está dentro de lo posible que estas innovaciones sean insuficientes para que la demanda reaccione. Quedaría jugar la carta de 5G. Sí, puede ser un revulsivo del mercado, pero necesita tiempo para extenderse y se estima que los terminales serán de entrada entre 300 y 400 euros más caros. Su aceptación dependerá, al fin, de los servicios más que de las prestaciones del hardware. Todo sumado, el paisaje de la industria será pronto muy distinto; los analistas se preguntan qué marcas antes clásicas desertarán y  qué marcas frescas entrarán al mercado. Sólo hay una certeza: estas últimas serán chinas.

[informe de Pablo G. Bejerano]


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