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  14/02/2011

Nokia y Microsot, alianza in extremis

Desde setiembre, cuando dejó su cargo directivo en Microsoft para convertirse en consejero delegado de Nokia, Stephen Elop no había sido visto (en público) al lado de su tocayo y antiguo jefe, Steve Ballmer. Se abrazaron el viernes en Londres, para anunciar un acuerdo estratégico entre las dos potencias en apuros. En esencia, los futuros móviles de Nokia adoptarán Windows Phone como plataforma `primaria´ y, a cambio – esto no ha sido confirmado – Microsoft pagará una buena cantidad de dólares para ayudar a que la transición se complete “lo antes posible”. No fue del todo una sorpresa, porque Elop había alimentado los rumores, con una dosis de sobreactuación.

Stephen Elop y Steve-Ballmer

Stephen Elop y Steve-Ballmer

Nunca se sabrá si este desenlace estaba en el ánimo de Jorma Ollila, chairman de Nokia, cuando escogió a Elop, que tenía un futuro brillante en Microsoft, y lo invitó a cambiar el frío de Seattle por el frío de Helsinki. Cinco meses después, el acuerdo se interpreta como fruto de una situación desesperada de ambas partes, aunque sólo una la admita. En pocos meses, Nokia ha bajado siete puntos su cuota en el mercado mundial. Microsoft ha perdido la relevancia que tuvo: sumadas todas las versiones, su sistema operativo no pasa del 4,2% del mercado; desde que apareció su última versión Windows Phone 7, se han vendido sólo dos millones de unidades, y aun así la cifra se ha publicado a regañadientes

Es una evidencia que la alianza pactada es la última maniobra para competir con el iPhone y los Android, que se han vuelto inalcanzables. Apple no ha hecho ningún comentario, pero Google se ha dejado representar por el verbo hiriente de su vicepresidente Vic Gundotra: “si juntas dos pavos no haces un águila”.

El caso es que Nokia sacrifica soberanía, y Microsoft se meterá en problemas con otros fabricantes. Samsung, LG y HTC apoyan Windows Phone 7, pero o bien lo hacen con desgana o no les gustan las limitaciones de personalización del interfaz; y si ya es difícil diferenciarse en el entorno de Android, qué no decir de Windows Phone. ¿Aflojará Microsoft la mano con su nuevo aliado? ¿Sólo con él o también con los otros?

Hay ventajas notables que justifican el paso dado. Por un lado, Nokia se libera de seguir enterrando recursos en el desarrollo de Symbian, una plataforma que nadie se toma en serio a estas alturas. Microsoft adquiere la poderosa fuerza de marketing de un socio que no podrá menos que serle fiel, por la cuenta que le tiene. Juntos, han dicho, van a desarrollar un “nuevo ecosistema basado en Windows Phone para los próximos 1.000 millones de usuarios de internet móvil”. ¿Cuánto tiempo les llevará? En teoría, Symbian seguirá existiendo, porque no se puede dejar tirados a 200 millones de usuarios, pero se extinguirá, relegado a móviles baratos, de esos que la gente usa sólo para hablar (¡qué antigüedad!).

La frase según la cual Symbian será una “plataforma franquicia” puede creerse o no, pero de entrada no se entiende. Y colapsan los esfuerzos comunes con Intel para llevar a buen fin MeeGo: difusamente se promete un dispositivo antes de finales de año. Días atrás, los analistas opinaban que no hay sitio en el mercado para más de tres sistemas operativos: iOS (Apple), Android (Google) y BlackBerry (RIM), que ahora podrían ser cuatro.

Otros detalles del acuerdo son específicos. El buscador Bing, de Microsoft – rival pobre de Google – estará por defecto en todos los móviles de Nokia, y el software Nokia Maps – con idéntico adversario – equipará todos los que funcionen bajo Windows Phone. La tienda de aplicaciones OviStore – un negocio ruinoso para Nokia – será absorbida por la Marketplace de Microsoft. Por fin, después de años, la marca finlandesa tiene algunas posibilidades en el esquivo mercado estadounidense; en contrapartida, reforzará las no muy buenas posiciones de Windows Phone en Europa.

Los que tienen motivos para alegrarse son los operadores, al menos los europeos. Cada vez que pueden, sus directivos expresan el temor al expansionismo de Apple y Google, cuyo objetivo cada vez menos disimulado es hacer negocios por su cuenta, reduciendo el papel histórico de aquéllos. Con Windows Phone no tendrían ese problema, y suponen que la recaudación por descargas de contenidos pasará por ellos, no por Nokia o Microsoft.

La dramática franqueza con la que Elop describió la absoluta necesidad de un cambio de estrategia – envió al personal una metáfora sobre una plataforma petrolera en llamas, con dos únicas opciones para sus ocupantes: abrasarse o saltar al agua helada – ha dado paso a una solución menos literaria. En Helsinki, sede de la compañía, llegó a temerse lo peor, pero en el nuevo comité ejecutivo quedan tres directivos finlandeses clave: Niklas Savander, Kai Oistamo y Tero Ojampera; pero la mayoría son norteamericanos como Elop (nacido en Canadá). Al final, Nokia se ha zambullido en aguas templadas, pero es seguro que estarán heladas cuando empiecen a anunciarse los primeros despidos.


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