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  13/03/2012

Para el iPad, todo el monte es orégano

Otros medios han comentado con acierto y profusión las novedades que aporta la tercera generación del iPad, presentada la semana pasada. Aquí toca analizar las repercusiones sobre una industria que no consigue reaccionar al impacto. Cuando Apple presentó el primer iPad, en febrero de 2010, fue minusvalorado, pero en el cuarto trimestre de 2011, la compañía ingresó, sólo por la venta de la tableta, 9.500 millones de dólares, un 20% de su facturación. Vendió 15 millones de unidades, y todos los analistas prevén que en 2012 superará con holgura los 60 millones. Pero la cuestión que está en boca de todos es el iPad como epítome de la nueva era post PC. No es tan sencillo.

Gene Munster, analista de Pipper Jaffray, estima que la predicción de Tim Cook (“el mercado de las tabletas llegará a ser más grande que el mercado del PC”) será una realidad en 2017. Otros, como Horace Dediu, creen que ocurrirá mucho antes, a finales de 2013. Esta proyección no es un puro juego estadístico: se basa en el supuesto de que los competidores (Android, Windows 8 y Kindle Fire) van a plantar cara a Apple con una ola de tabletas. Esta es la conclusión de Dediu: “hablando con propiedad, el iPad no está sustituyendo al PC, sino que se apodera de la parte de mercado que normalmente iría a un dispositivo secundario o terciario; no hay mucha gente que abandone un PC por un iPad, lo que hacen es añadir un dispositivo que les ofrece funciones y servicios adicionales”.

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Hace dos años, el iPad no existía, y no podía hablarse de un mercado de tabletas. Hoy es el gran tema de conversación. Según la consultora IHS iSuppli, el iPad representó un 62% del mercado mundial en 2011. Durante el cuarto trimestre (primero realmente competitivo gracias a la aparición del Kindle Fire), las entregas de Apple pasaron de 11,1 a 15,2 millones de unidades, pero su cuota bajó al 57% en el trimestre. Samsung perdió la segunda plaza (¿transitoriamente?) en favor de Amazon.

Esos cinco puntos de descenso en la cuota del iPad tuvieron un coste para sus competidores: la sustancial bajada del precio medio de venta de sus modelos para adaptarse al movimiento iniciado por Amazon; Apple, en cambio, no ha necesitado sacrificar sus márgenes.

Un informe de Forrester Research subraya que ninguna de las marcas basadas en Android puede atribuirse más del 5% del mercado total de tabletas: el enfoque multimarca, que tan bien ha servido para vender más smartphones Android que iPhone, no ha funcionado en las tabletas: Samsung tiene una cuota del 5%, Motorola del 4%, Asus y Acer no pasan del 3%. Lo interesante es que el único tablet Android que ha tenido éxito tangible es el Kindle Fire, de Amazon, que apareció en el último cuarto de 2011, aunque limitado al mercado norteamericano, que es el 43% del mundial. ¿Por qué? Porque, en lugar de competir con el iPad por prestaciones, lo hace por precio, y en lugar de asimilarse a la pandilla de Android, prefiere ofrecer servicios propios, con los que presuntamente gana el dinero que pierde con el dispositivo.

Lo anterior significa que todos los competidores del iPad se han marcado como objetivo bajar sus precios, mientras Apple ha podido apartarse de esas batallas ajenas y concentrarse en esa fórmula que tan bien practica: elevar las prestaciones de su dispositivo sin tocar el precio. Consecuencia: la cuota del iPad en valor es muy superior a su cuota en volumen, que ya es alta.

Andy Rubin, VP senior de Google y cerebro de Android, dijo en el reciente Mobile World Congress que este año doblará la apuesta: “12 millones de tabletas Android vendidas hasta la fecha no son una cifra insignificante, pero son menos de lo que necesitamos para ganar, que es lo que queremos”. Pese a que durante el pasado otoño Google presentó una versión de su sistema operativo, supuestamente único para smartphones y tablets, ningún fabricante se ha precipitado, tal vez en espera de ver la jugada de Apple. Esto explica por qué en el Mobile World Congress de Barcelona casi no se han visto tabletas.

Sólo Amazon ha dado un paso al frente, pero es evidente que nadie compra un Kindle Fire pensando que tiene capacidades comparables a las del iPad. Automarginado el Playbook de BlackBerry, y desechado el TouchPad de HP, sólo queda esperar que aparezcan las primeras tabletas basadas en Windows 8, pero a) en el mejor de los casos, no estarán disponibles antes de finales de año, y b) no parece fácil que sean competitivas en la relación precio/prestaciones ni en el soporte inicial de aplicaciones. Lo resume bien un informe de Citigroup: “una vez más, Apple sabe que será imposible para sus competidores bajar el precio y a la vez ganar dinero”.

En esa tesitura, Tim Cook puede seguir andando por el camino que le dejó trazado Steve Jobs: innovación incremental, sí, la suficiente para que sus productos evolucionen tecnológicamente y sean igualmente rentables. Si la experiencia del iPhone 4S sirve de ejemplo, los entusiastas de la marca de la manzana deberían aplacar su deseo de ver saltos revolucionarios en la saga iPad. El año pasado, analistas y fans tenían decidido que tras el iPhone 4 vendría el iPhone 5; no fue así, y algunos se sintieron decepcionados, pero enmudecieron al enterarse de que en los tres primeros días se vendieron 4 millones del nuevo modelo 4S.

Apple ha perfeccionado el arte de refinar sus dispositivos con mejores pantallas, procesadores más potentes, gráficos impactantes y conexiones más rápidas. Todo esto lo tiene el nuevo iPad, pero físicamente no es diferente del anterior. En esto consiste la inteligencia de evitar la tentación de seguir con la escalada de numerales: tras el iPad 2 no ha alumbrado un iPad 3, sino el “nuevo” iPad. ¿Cómo se llamará el próximo? Nadie lo sabe, pero sería raro que fuera el iPad 4. Como ocurriera con el iPhone, se pretende que los consumidores graviten hacia la última generación, pero sin por ello presionar a los usuarios existentes con la idea de que el modelo que poseen se ha quedado viejo. Una impecable lección de estrategia.

Ahora bien, ¿qué significado real tiene el comodín mediático sobre la era post-PC? No se trata de que las tabletas – en general, no sólo el iPad – van a empujar al PC al arcén. Las mejoras incrementales de la categoría implican que asumirá tareas que hasta ahora sólo se podían hacer con un PC. No es sensato esperar que Apple empuje demasiado en esa dirección, por al menos dos razones: 1) sus Mac son una golosa fuente de beneficios, y 2) meter más potencia en un iPad sería contradictorio con la necesidad de reducir el consumo de batería.

Queda para recordar el hecho de que ninguno de sus rivales ha tenido cualidades para competir con Apple en la parte alta de la categoría. Con la llegada de Windows 8, esto podría cambiar, pero no antes de 2013, y la familia Android se está reagrupando para dar la batalla. Pero, si se atiende a los pronósticos de IHS iSuppli, la cuota del iPad será dominante hasta 2014, o más allá. Todo el monte es orégano, hasta que se demuestre lo contrario.


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