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  16/09/2020

Contra las cuerdas, Huawei resiste y espera

Desde ayer, Huawei es oficialmente una compañía proscrita. Dicho esto en el sentido de que ninguna otra empresa, dentro o fuera de Estados Unidos, puede suministrarle nada que haya sido fabricado con algún equipo, componente o software estadounidense, tras entrar en vigencia una orden ejecutiva presidencial del pasado 17 de agosto. El gobierno chino guarda silencio, pero sopesa las opciones de represalia en un recalentamiento de las relaciones entre ambos países. No es un misterio que Huawei lleva tiempo acaparando chips y otros elementos que necesita para fabricar sus equipos de red y sus smartphones: según versiones no confirmadas, tendría inventario para unos cuantos meses.

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Esto no alivia las incógnitas, sólo le permite encajar los golpes de Donald Trump en espera de que escampe un conflicto que está fuera de su alcance controlar. Los fabricantes de semiconductores, ya sean estadounidenses o taiwaneses, están aterrorizados con la posibilidad de que el fuego se propague más allá de Huawei: sus ventas dependen abrumadoramente de las compras de China, donde se fabrican o se ensamblan más de la mitad de los productos electrónicos que consume el mundo entero.

Se ha estimado – con precisión no verificable – que Huawei ha comprado en el último año chips por valor de 80.000 millones de dólares, una quinta parte de todo el mercado mundial, por lo que corto plazo no debería tener problemas de abastecimiento. El mayor problema no son los componentes estándar, porque podría conseguirlos de un modo u otro a través de su filial HiSilicon e intermediarios no concernidos por las sanciones de Donald Trump. Lo más problemático son los chips tecnológicamente avanzados, que HiSilicon encarga a la compañía taiwanesa TSMC; esta, de buen grado o forzada por las circunstancias, se ha alineado con el veto.

Si se mira el ranking de la consultora IC Insights, HiSilicon es actualmente el décimo fabricante mundial de semiconductores. Pero ´fabricante` es una palabra equívoca, porque depende industrialmente de TSMC, que a la vez produce los chips más críticos para compañías estadounidenses: Apple, Qualcomm, Nvidia, AMD y Broadcom representan un volumen de negocio que no podría arriesgar aunque – y sería mucho decir – estuviera dispuesta a defender a Huawei. Otro cliente es la también taiwanesa MediaTek, algo más complaciente. Pero Kirin, el chipset que fabricaba TSMC bajo diseño de HiSilicon, deja de producirse por decisión de Huawei ya que los smartphones que equipaban quedarán vetados después de más de diez años de desarrollo.

La administración Trump ya prohibió en mayo de 2019 a los fabricantes de Estados Unidos la venta de sus componentes a Huawei, pero endureció la medida más tarde extendiéndola a cualquier que en sus procesos emplee tecnología estadounidense. A Huawei apenas le había afectado y tal vez sus directivos cometieron el error de sacar pecho antes de tiempo. Si ha podido mantener su liderazgo en los equipos de red y ganar cuota en el mercado de smartphones, se debe a que había acumulado componentes, pero eso ya no será posible.

Frustrado por la esterilidad de su primera sanción, Trump emitió una segunda orden ejecutiva sin precedentes: extendió a las compañías de cualquier nacionalidad, bajo pena de ser incluidas en su lista negra, la prohibición de vender a Huawei semiconductores en cuya fabricación hayan intervenido componentes, materiales, patentes o software de compañías estadounidenses. La orden, por razones jurídicas, dejaba un período de 30 días para que se cursaran los pedidos no entregados, de modo que el plazo ha vencido en la madrugada del 15 de septiembre.

Un caso extremo es la holandesa ASML, principal suministrador mundial de líneas de fabricación de semiconductores: su maquinaria integra, cómo no, componentes críticos fabricados por empresas de Estados Unidos, por lo que no podría venderla a – por ejemplo – TSMC, que a su vez se encuentra ante el mismo problema con otros suministradores. Igualmente, la mayor parte de la industria utiliza equipos de ASML, la que pese a su nacionalidad quedaría incursa en la orden ejecutiva a menos que encontrase – si tuviera interés económico para ella – un subterfugio o solicitara al departamento de Comercio una licencia ad hoc que difícilmente le sería concedida.

Hay que añadir que no sólo de chips trata la orden ejecutiva. Productos no tan críticos pero importantes son alcanzados por la prohibición; como las pantallas de alta resistencia que fabrica Corning Glass y comercializa bajo la marca Gorilla, material ampliamente utilizado en los smartphones de distintas marcas.

China lleva años invirtiendo masivamente para dotarse de una industria de semiconductores propia, pero está todavía lejos. La estrategia Made in China 2025, elaborada por inspiración de Xi Jinping, se ha intensificado en este capítulo. En las últimas semanas se ha sugerido que la prohibición alcanzaría al fabricante chino más importante de semiconductores, SMIC. De hecho, Washington ya presionó el año pasado al gobierno holandés con la pretensión de interferir en la venta de una línea de producción de ASML a SMIC por valor de 150 millones de dólares. El pedido no se ha entregado todavía y posiblemente quedará en el limbo.

SMIC, la mejor carta que tiene Xi Jinping para acercarse a sus objetivos de autosuficiencia, se ha marcado como objetivo empezar antes de finales de este año a fabricar chips de 40 nanómetros en una planta piloto construida sin tecnología estadounidense, para llegar antes de tres años a la densidad de 28 nanómetros. Por otra parte, Yangtze Memory, principal fabricante chino de memorias NAND 3D, ha corregido sus planes de producción para que el 70% de sus equipos de fabricación sean de suministradores locales.

Volviendo a Huawei: HiSilicon ha informado de que invertirá cerca de 20.000 millones de dólares este año en I+D, frente a los 14.000 invertidos en 2019, un orden de magnitud igual al de TSMC, que no depende de un cliente único. En realidad, China cuenta con numerosas empresas públicas y privadas que planifican una industria autóctona de semiconductores poco o nada conocidas en Occidente: Naura, Advanced Micro-Fabrication, Shenyang Piotech, Shanghan Micro Electronics, Hwatsing,.. y de seguido.

Estas compañías, todavía inmaduras, cuentan con talento propio, pero su reserva son los ingenieros chinos que trabajan en empresas taiwanesas o estadounidenses. Recientemente se ha sabido que una de ellas ha fichado a 100 ingenieros de alta cualificación que trabajaban en una fábrica de TSMC en territorio continental. Según “desvela” el Wall Street Journal, Pekín ha entrenado agentes cuya misión es persuadir a ingenieros chinos residentes en Estados Unidos para que vuelvan a su país natal con muy ventajosas condiciones económicas. De modo que, si Estados Unidos ya tenía un déficit crónico de especialistas que le obligaba a echar mano de asiáticos, la situación se podría agravar por una fuga de cerebros.

Los chips de 40 nanómetros que ya fabrica SMIC no son en absoluto competitivos ni por supuesto cabrían en un smartphone o un procesador de red 5G. El fabricante más avanzado es TSMC – que se está replegando discretamente de China e incluso ha anunciado que instalará una planta en Arizona. Pero Huawei no puede contar con TSMC, como se ha dicho. En un primer momento, antes de la orden de agosto, confiaba en poder integrar chipsets de Mediaset en sus smartphones; o quizás los Snapdragon de Qualcomm – aunque no fueran del último modelo – si esta consiguiera la licencia preceptiva, lo que ya no parece plausible.

Así que, de momento, Huawei no tiene más remedio que recurrir a su stockpile, que ha acumulado comprando donde ha podido. Gracias a esa previsión, ha podido cumplir los contratos con los operadores de su país e instalar estaciones base de 5G. Los medios especializados comentan que su departamento de I+D ha diseñado componentes alternativos, aunque menos sofisticados, para salir del apuro en 2021, con la ayuda de empresas locales. En la confianza, según esas fuentes, de que la tensión comercial entre los dos países se relaje tras las elecciones de noviembre. Más allá de la urgencia el incentivo para construir una industria de semiconductores nacional es máximo, pero en ningún caso podría cumplirse antes de 2025.

Desde luego, el problema tiene una proyección política. Pero, de momento, el gobierno chino limita sus pronunciamientos al mínimo imprescindible. La expectativa de un cambio en la Casa Blanca existe, pero lo más sensato es no nombrarla cuando faltan menos de dos meses para unas elecciones en las que China es una controversia incómoda para el candidato opositor.

El problema que se plantea está repercutiendo en toda la industria electrónica mundial: empresas que perderán uno de sus principales clientes si dejan de vender a Huawei. Por ejemplo, esta hacía pedidos a TSMC por valor de 5.000 millones de dólares anuales; la consultor Omdia estima que Japón, Corea del Sur y Taiwán pueden perder ventas por unos 26.500 millones de dólares. Las compañías estadounidenses serán las primeras perjudicadas porque cualquier ensamblador chino intentará abastecerse en otras fuentes.

A pesar de que Donald Trump no deja de pedir que las compañías de su país se marchen de China y vuelvan a producir en suelo americano, muy pocas lo han hecho, como atestigua un informe de Goldman Sachs de la semana pasada. Entretanto, el déficit comercial en perjuicio de Estados Unidos no se ha reducido en un dólar bajo el mandato de Trump. Algunas compañías han tratado de compaginar intereses trasladando su producción de China a otros países del sudeste asiático cuya mano de obra es más barata, pero el mismo informe señala que se trata de productos de bajo valor añadido.

El problema para las compañías que quieran irse de China es muy fácil de explicar: su cadena de suministro es la más competitiva del mundo, tal como ha reconocido alguien que admira a Trump casi tanto como a sí mismo: Elon Musk. Ha ampliado su factoría de coches Tesla 3 en Shanghai y desde allí planea exportar a todo el mundo, porque la productividad es mucho más alta que en la planta de Nevada. Difícilmente podría Apple ensamblar sus iPhones fuera de China – y no porque no lo haya intentado – con la rapidez y precisión actual. Lo mismo reconocen los directivos de HP y Dell, otras dos empresas norteamericanas que de buena gana buscarían dónde producir sus PC y servidores.

El protagonismo creciente de los equipos de red de Huawei, prácticamente ausente en 3G, acelerado en 4G y con la perspectiva de dominar la quinta generación, puede acabar cuestionándose, no tanto por la elección de otros suministradores – sólo hay dos alternativas reales, europeas – cuanto por la dificultad real de suministro de componentes. Según un documentado artículo de Nikkei Asian Review, el ritmo de despliegue de 5G en China, que había empezado a toda marcha, se habría ralentizado ante la necesidad de rediseñar los equipos para eliminar componentes que Huawei ya no podrá adquirir.

La faceta más conocida de Huawei son sus smartphones. Puede que los funcionarios del departamento de Comercio de Estados Unidos [donde no se venden] se llevaran un disgusto al leer la estadística de IDC del segundo trimestre, en el que la marca china dio un estirón llegando a superar a Samsung en el ranking. La victoria será pasajera, porque se ha debido a una coyuntura excepcional favorecida por el mercado interior chino. En Europa, el otro gran mercado que le queda a las marcas – Samsung y Xiaomi – han capitalizado sus problemas de suministro.

Los analistas de Canalys calculan que la escasez de componentes ya se está notando en su oferta de smartphones: Huawei tendría en reserva un inventario de componentes para entre 70 a 100 millones de unidades, que serían menos de las que pudo despachar en la primera mitad del año. Y sus competidores no le van a dar tregua en un mercado nada boyante: en parte, las tácticas de Apple y Samsung consisten en arrebatarle cuota de mercado. Huawei tampoco podría contar, más bien lo contrario, con la solidaridad de marcas compatriotas: Xiaomi y Oppo se han lanzado a degüello por la clientela que potencialmente podría sentirse atraída por Huawei. Es obvio por qué: ellas sí pueden contar con los servicios asociados a Android.

Por consiguiente, cada analista relacionado con el sector echa cuentas, no exentas de subjetivismo. Jeff Pu, de GF Securities, cree que Huawei cerrará el año con 195 millones de smartphones despachados, muchos menos que los 240 millones de 2019. Su colega Donnie Teng, de Nomura Securities, clava la puntilla: “prevemos que empezará a perder cuota en el mercado chino inmediatamente después del 15 de septiembre”.

[informe de Lluís Alonso]


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