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  8/09/2021

Samsung se la juega con su pareja de plegables

No es la primera vez que este blog se ocupa de los smartphones plegables de Samsung, pero es la primera en la que esta categoría emergente adquiere notorio protagonismo en la estrategia de la marca coreana. El calendario de presentaciones ha sido trastocado por la pandemia, descompensando la alternancia tácita entre Apple y Samsung. Dentro de unos días, la primera lanzará su nuevo iPhone 13, mientras por parte de Samsun el Galaxy S21 aguanta el tipo y el S22 espera entre bambalinas el momento de salir a escena. Entretanto, se da ahora mismo la oportunidad para que Samsung pueda alardear de anticipación tecnológica, ya que Apple no tiene intención de presentar su plegable antes del 2023.

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Otros años por estas fechas, solía intercalar un modelo Note entre dos iteraciones de Galaxy S. Con ambas ofertas tenía cubierto el flanco premium – en el que choca con Apple, que no se apea – mientras por otro lado ganaba volumen (y cuota para ser líder absoluto) con su gama media, ahora reforzada con capacidades 5G. Este juego parece acabado o suspendido – y un rumor verosímil no necesariamente veraz – sostiene que Samsung ha sacrificado el Note para repartir sus prestaciones: algunas pasarán al acervo del Galaxy S22 pero el centro de la atención se desplaza a los dos modelos plegables presentados a principios de agosto y que ya están disponibles en el mercado español: Z Fold 3 y Z Flip 3.

Se puede interpretar que Samsung ha llegado a la convicción de que la uniformidad de los smartphones – entendiendo por tal que las novedades ya no justifican un ciclo anual, por lo que la rotación baja y con ella bajará el margen – hay que quebrarla con audacia, añadiendo un plus de innovación. Se trataría de forzar una nueva categoría, con la cualidad física de plegarse y desplegarse. Pero esta es sólo una parte de la sorpresa: el verdadero atractivo reside en un interfaz de usuario propio, UI3, que eleva el nivel de prestaciones de estos smartphones. Con un año y medio de ventaja sobre Apple por delante.

Se suponía que la entrada en servicio de las redes 5G sería un revulsivo para el mercado de terminales. Lo ha sido, efectivamente, pero con tardanza y matices que, simplificando, se pueden atribuir a la pandemia. El cambio radical de formato que propone Samsung es congruente con ese salto de una nueva generación de smartphones para una nueva generación de redes, pero la ganancia en prestaciones que conlleva 5G presenta una contradicción: eleva los costes industriales a la vez que presiona para bajar los precios y así alcanzar la masa crítica que debería bajar los costes.

Con esta apuesta decidida por los plegables, la marca coreana ofrece a los consumidores dos argumentos, suponiendo que puedan permitirse el desembolso. Samsung salió antes que nadie al mercado con sus terminales 5G, pero la demora de Apple no le ha impedido ponerse en cabeza de la subcategoría [quizá sea un efecto del calendario, pero es lo que dicen las estadísticas de las consultoras].

La pugna con Apple es sólo una de las motivaciones de Samsung, pero ayuda a dar más visibilidad a su propia marca [si el adversario fuera una marca china, otra sería la jugada]. El denuedo por competir en la gama más alta otorga a Samsung un valor ´aspiracional` que arrastra ventas en las gamas media y baja, algo que Apple no sabe o no quiere hacer. A la vez, no puede descuidar la defensa contra otra amenaza tanto o más peligrosa: el pelotón de marcas chinas encabezado por Xiaomi que tratan de ocupar el vacío dejado – puede que transitoriamente – por Huawei. La partida tiene una regla simple: integrar en unos móviles de menor precio prestaciones “molonas” sin que encarezcan demasiado el coste de componentes y fabricación.

De momento, la habitual alternancia entre Samsung y Apple – primero y tercero en el ranking IDC de junio – tiene dos hitos destacados: el iPhone 13 este septiembre, aunque parece que no podrá despacharse globalmente hasta diciembre – y el nuevo Galaxy S22 en enero, supuestamente en coincidencia con el CES de Las Vegas. En este caso, no parece que fuera razonable esperar al Mobile World Congress, convocado para los últimos días de febrero próximo: el mercado estadounidense está tan ávido de novedades que cualquier tardanza daría facilidades al adversario.

No es esta una táctica excepcional. Samsung ya aprovechó las circunstancias para rebajar en 400 dólares el precio del S21 comparado con el de salida del S20. Aunque la compañía se cuida mucho de dar pistas, es previsible que repetirá la jugada con el S22 para responder al iPhone 13.

Viene otra vez a colación el calendario. Tradicionalmente, la coreana estiraba su ciclo de marketing presentando en agosto un nuevo Note que debería ser el contrapunto al iPhone que llegaría en septiembre. Pero este año ha sido más audaz, presentando dos modelos plegables, que elevan las cualidades de los precedentes pero que, dicen los que escriben sobre productos, no pueden ser alternativa al nuevo iPhone porque representan un concepto distinto en busca de modos de uso distintos.

Tácticamente, está bastante claro. Samsung confía en que los smartphones plegables aporten un vector de crecimiento a un mercado somnoliento. Para conseguirlo, tendrá que bajar sus precios, que no tienen gancho: 1.800 dólares/euros el Fold 3 o 1.000 dólares/euros el Flip 3 (este a 500 menos que su versión precedente y sólo 200 más que el S21). Para empujar, ha perfeccionado los dos modelos: la pequeña pantalla delantera en la que se muestran las notificaciones ha ganado tamaño, de manera que hace innecesario desplegarlo con esa finalidad. Además, el Fold 3 lleva una cámara frontal bajo la pantalla, que se vale de un software corrector de la  deficiencia de luz que aparece en las fotos, pero esta es una tecnología aún inmadura para obtener la calidad de imagen que el precio merece.

La compañía coreana busca explotar la (presunta) fascinación del formato plegable en un colectivo de consumidores hartos de que su smartphone no se distinga del de su vecino. En los últimos años, el factor diferencial en estos dispositivos ha sido la cámara (o la multiplicación de cámaras, que viene a ser lo mismo), pero con estos plegables se procura que el vuelco obedezca a la apariencia, luego vendrán las prestaciones.

Cabe una duda razonable: ¿están dispuestos los consumidores a seguir ese mensaje? De entrada, Samsung procura que el precio no sea una barrera,  o que lo sea cada vez menos, negociando acuerdos excepcionales con los operadores: los Fold 3 y Flip 3 pueden comprarse asociados a contratos de tres años, para diluir su precio a lo largo de 36 meses. Lo que lleva a los escépticos a preguntarse si las baterías seguirán funcionando bien después de tanto tiempo o si la bisagra aguantará un número indefinido de pliegues y despliegues (no siempre cuidadosos).

Comoquiera que sea, la apuesta está en el tapete. Este año no ha habido Note en agosto, pero la compañía rehúsa decir si la saga está muerta. Los plegables han sustituido a esa gama como opción. El Note estaba pensado para entornos de productividad y creatividad; así se han diseñado los nuevos plegables. Para empezar, se garaniza su compatibilidad con el S-Pen, gesto de agradecer porque este stylus es cada año mejor.

Además, la compañía ha comunicado que considera al Fold 3 como un “tres en uno”: smartphone, tableta y PC (conectado por bluetooth a un teclado y un monitor). Algunas de las áreas en las que baraja su uso son las finanzas, así como la gestión de documentos en el ámbito legal o, como casi todo en estos tiempos, la sanidad.

Una esperanza apenas confesada es que sus plegables salten de la esfera profesional al gran público. Ya ocurrió antes algo parecido con Blackberry – e incluso con el iPhone, al margen de los fanbois – y probablemente esto han pensado los voluntariosos cerebros de IDC cuando estimaron que este año se venderán 4 millones de unidades en comparación con los 1,9 millones de 2020. Ya puestos, vaticinan que en 2025 se despacharán 13,9 millones de smartphones plegables, un cálculo cuyos fundamentos no se adivinan. Desde luego, aunque así fuera, supondrían una pequeñísima fracción del total de smartphones que se venden al año: unos 1.500 millones en 2021, a priori.

Cifras de parecido tenor ofrece Strategy Analytics, con una salvedad que no carece de interés. La entrada de Apple en este segmento acelerará las ventas, de manera que en 2026 el mercado podría ser de 170 millones de unidades. Puede parecer exagerado, pero con esta nueva categoría podría ocurrir lo mismo que en su día pasó con los wearables: Samsung fue la primera marca que lanzó un smartwatch, pero Apple – que entró más tarde – se ha convertido en líder. Por esto, una preocupación latente es el timing de los lanzamientos de plegables: ¿cómo evitar asfaltar el camino por el que penetrará en el mercado su principal competidor?

[informe de Pablo G. Bejerano]


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