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  5/07/2018

05Jul

Ocho minutos emplearon los abogados de Apple y Samsung en exponer a la juez Lucy Koh el acuerdo por el que ambas empresas dan por terminado el litigio judicial que las ha enfrentado desde abril de 2011. La magistrada – que ha pasado los últimos siete años sin casi otra carga que dirimir este caso – firmó de inmediato la conformidad y santas pascuas. Cada parte se hará cargo de sus costas legales.

El penúltimo capítulo de este culebrón se vivió el mes pasado cuando el jurado emitió un veredicto por el cual Samsung debía pagar 539 millones de dólares a Apple, cantidad de la que se deducirían 399 millones pagados con anterioridad. De manera que el finiquito se reducirá a 140 millones de dólares. Se cierra así el más enrevesado litigio sobre propiedad intelectual,  entre dos compañías que, por un lado compiten por el liderazgo del mercado de smartphones y por otro están uncidas por el suministro de componentes coreanos – procesadores y pantallas – para el iPhone. Varios intentos de forjar una tregua han fracasado durante años

Se ha especulado con la influencia que haya podido tener en este desenlace la política arancelaria de la administración Trump: Apple es la única marca estadounidense de este mercado y tiene interés en que nada perturbe su cadena de suministros. Más plausible resulta la tesis de que Tim Cook, CEO desde 2014, considera que es hora de desarticular el “arma termonuclear” (sic) con la que Steve Jobs pretendía derrotar a quien se atreviera a usurpar los rasgos de diseño de su célebre creación.  Hoy, en la práctica, todos los smartphones usan iconos en retícula, motivo original de la querella.

El tribunal del circuito californiano ha sido la referencia obligada de una sucesión de batallas ante múltiples jurisdicciones alrededor del mundo. En algunas ganaba Apple y Samsung apelaba, en otras ocurría lo contrario. Así, hasta la semana pasada. La cuestión de fondo enfrentaba dos argumentos: que Samsung violaba la propiedad intelectual de Apple para competir con Apple o bien que Apple esgrimía sus patentes para erradicar a los competidores, empezando por el más peligroso. ¿Era objeto de protección un diseño rectangular con los cuatro vértices redondeados?, llegó a debatir el jurado a cierta altura del proceso.

No se puede subestimar el impacto que esta disputa ha tenido sobre otros actores: quién sabe qué consecuencias habría tenido sobre el mercado el que Apple aceptara pasivamente que todos los competidores del iPhone se parecieran al original [como ha ocurrido, en gran medida] o qué hubiera pasado si Samsung no reaccionara tenazmente.

Cada móvil que los usuarios tienen en las manos es el resultado de cientos de miles de patentes registradas en alguna parte del mundo, especialmente en Estados Unidos, país rico en propiedad intelectual pero carente de fábricas de móviles. “El número de patentes que intervienen en el hardware y el software es tan alto que nadie ha sido capaz de calcularlo”, afirma el especialista Florián Mueller. Sólo Apple es titular de una cartera de más de 75.000 patentes. Samsung, por su lado, ha registrado más de 10.000 en el último año y medio, precisa Mueller en su blog. “En mi opinión – dice – esto refleja que el listón para atribuirse la originalidad de una patente es muy bajo”

Otra cosa es el efecto que pueda tener el desestimiento mutuo sobre los  litigios que ambas mantienen con otras compañías. Así, por ejemplo, Apple ha llevado a Qualcomm ante los tribunales, según Mueller con resultado incierto. Mientras, Samsung tiene su batallita con Huawei, a la que acusa de infracción de patentes de su propiedad. En ninguno de estos casos parece haber posibilidades de llegar a acuerdos extrajudiciales.


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