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  29/06/2018

Las ´cosas` precisan 5G más que las personas

Cumpliendo su calendario, los estándares 5G avanzan. En teoría, es lo que necesitan los primeros smartphones 5G para llegar al mercado en 2019. O antes, por exigencias de la propaganda. Pero el vínculo no es automático: para los operadores, la prioridad es acelerar la implantación de dispositivos IoT conectados a la nueva red celular, dando más tiempo a que se creen las condiciones de mercado para los futuros smartphones 5G, cuyos ´casos de uso` no tienen tan claros por ahora. El fresco Mobility Report elaborado por Ericsson señala que la clave del éxito de las redes de nueva generación reside sobre todo en los dispositivos IoT conectados a la red celular 5G y menos en los smartphones en desarrollo.

En la conferencia plenaria del 3GPP, a mediados de junio en California, quedó aprobada definitivamente la especificación llamada Standalone (SA) Release 15, imprescindible para abrir paso a los despliegues de red y la comercialización de dispositivos 5G. Desde diciembre pasado se disponía de las especificaciones Non-standalone (NSA) que les permitía funcionar sobre  redes 4G. Ahora, con la Release 15, 5G alcanza su plena viabilidad – a la vez que compatibilidad – y con ello se da por cerrado el proceso de estandarización.

La principal ventaja de 5G, aparte de la velocidad de transmisión de la señal y de su ancho de banda – suficientemente destacados por la prensa – es otra menos glamurosa pero potencialmente más rentable, un conjunto de especificaciones abiertas y lo bastante flexibles como para satisfacer las necesidades de comunicación de los clientes finales en distintas industrias. De hecho, 5G será una plataforma de integración para múltiples negocios heterogéneos, con servicios prestaciones y tarifas a la carta.

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En el presente, el informe publicado por Ericsson contabiliza 7.900 millones de suscripciones de comunicaciones móviles de banda ancha. Sólo en el primer trimestre de 2018, se registraron 98 millones de nuevas altas netas en todo el mundo, más de la mitad en China (53 millones) e India (16 millones). La penetración de la telefonía móvil es, pues, del 104% con diferencias regionales notables: Europa Occidental es el 126%, ratio que sido  superada por el 142% de Asia Central y Europa del Este. Es del 108% en Norteamérica y del 106% en China. Por tanto, crece el número de usuarios que tienen más de una suscripción.

Un número tan elevado de suscripciones –  supera a la población mundial – da pie a suponer que poco aumentarán en los próximos años. Habrá una migración de los actuales móviles GSM (que son más de la mitad del parque) a 4G-LTE y, pasado un tiempo, de una parte de los actuales 4G-LTE a 5G. Pero el incremento será reducido: se calcula que de los 7.900 millones se pasará a 8.900 millones de suscripciones en 2023. Y que para entonces, se habrán añadido 1.060 millones en 5G y 2.500 millones netas se sumarán a 4G-LTE. De acertar en la cuenta, en cinco años se venderían unos 1.500 millones de smartphones de cuarta y quinta generación.

Está previsto, según el análisis de Ericsson, que las primeras redes 5G comerciales aparecerán a finales de este año y de manera significativa en la primera mitad de 2019. Cuatro operadores estadounidenses se han comprometido públicamente; también se esperan redes 5G en Corea del Sur, Japón y China. Es previsible que los primeros smartphones adecuados se conozcan en la primera mitad del año próximo, pero su impacto comercial no se notará hasta el segundo semestre. Como el informe de la compañía sueca pronostica 1.060 millones hasta 2023, se puede arriesgar una hipótesis a bulto: 60 millones en 2020, 150 millones en 2021, 300 millones en 2022y, finalmente, 550 millones en 2023. No parece haber mucha ansiedad entre los consumidores, aunque los titulares de prensa se empeñen en sembrar expectativas.

Este orden de magnitud de los despachos de smartphones hasta 2023 denota que no se confía en lanzamientos masivos globalmente. La verdad es que la industria y los operadores no piensan en ellos – ni tampoco en las tabletas y portátiles – como espoletas del uso. Para justificar ante sus accionistas la inversión necesaria, ponen el acento en despliegues masivos de redes en los países con mayor potencial de tráfico de datos. Este es el argumento que asume el informe que Ericsson publica desde hace años gracias a su privilegiada atalaya.

Estados Unidos y Asia, porque en Europa aún no se han liberado ni licitado). A medida que crezca el volumen de la demanda, los chipsets serán más baratos; una proyección de Ericsson da como conclusión que el 48% de las suscripciones móviles serán 5G en 2023, mientras en el nordeste asiático (que incluye China) la proporción se estima en el 34% y en Europa occidental el 21%.

El tráfico de datos crecerá espectacularmente en los próximos años. Ya se está viendo, especialmente gracias al vídeo y sobre todo en Norteamérica y en Asia. En 2023, año de corte para el estudio, se prevé que el tráfico de datos en el nordeste de Asia será de 23 exabytes mensuales, casi seis veces la cifra de 2017. En Europa occidental, habrá un tráfico de 11 exabytes mensuales. Pero el grueso de ese tráfico no se hará sobre redes 5G sino con smartphones de la actual cuarta generación LTE y los que saldrán en los próximos años con precios más bajos que los que ahora llevan el marchamo premium.

Todo lleva, pues, a que el éxito de 5G dependerá principalmente de IoT. Ericsson prevé un crecimiento anual de dispositivos IoT conectados del 30% en los próximos cinco años. Según sus cálculos, en 2023 debería haber 4.100 millones conectados a una red de banda ancha, frente a los 800.000 de 2017. El grueso de las conexiones IoT usará, no obstante, redes de corto alcance: actualmente son 6.200 millones de dispositivos y serán 15.700 millones en 2023, lo que equivale a un 17% de crecimiento anual. Desglosado por regiones, arroja un resultado impresionante: el 80% de las conexiones corresponderán al nordeste de Asia, mientras que Europa occidental tendrá más que Norteamérica. La potencia fabril china tiene mucho que ver en esa preponderancia.

La cobertura es otro asunto merecedor del análisis de Ericsson. En 2017, la red 4G-LTE tenía una cobertura superior al 60% y seguirá aumentando en los cinco próximos años. Para 2023, las reded 5G cubrirán el 20% de la población mundial. La evolución dependerá, fundamentalmente, de los nuevos casos de uso que surjan de los sectores industriales, pero también del ámbito empresarial y doméstico. Dos ejemplos citados en el informe son el acceso fijo residencial a través de redes de banda ancha móvil y la nube distribuída para clientes industriales.

Notoriamente, el despliegue de redes 5G para el funcionamiento efectivo de los coches autónomos es otro caso de uso muy comentado, pero no hay manera de disimular un aspecto crítico:  cómo y quién va a e financiar la inversión inicial, con altas dosis de incertidumbre. Ericsson sugiere que podría asociarse a otros servicio que ayudaran a rentabilizar lo que hoy por hoy carece de modelo de negocio.

La tarea previa al despliegue de redes 5G está hecha con la aprobación de las especificaciones técnicas; cada actor sabe a qué libreto atenerse; las pruebas piloto a cargo de fabricantes y operadores siguen a buen ritmo. Ahora falta la auténtica prueba del algodón: diseñar servicios a la carta que puedan ser rentables  y justificar la inversión que habrá que financiar. Y aún queda por concretar la ambivalente actitud de las autoridades reguladoras, como ha quedado de manifiesto en el reciente cambalache de Bruselas [esto no lo dice Ericsson, naturalmente; al menos no lo dice su informe].


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