30/07/2021

Microsoft cree en la eterna juventud de Windows

Cuando Satya Nadella tomó el mando de Microsoft, heredó las consecuencias del fiasco de Windows 8.1, que costó el puesto a Steve Ballmer. Cortó por lo sano saltándose la versión 9 y pasó directamente a Windows 10. Y acertó: en seis años supera los mil millones de licencias. Nadella se propuso acabar gradualmente con la simbiosis entre Microsoft y Windows: el futuro que imaginaba sería cloud first . En esa estrategia se encuadra la iniciativa que trata de dar un vuelco a la saga de Windows. Cuando es inminente la disponibilidad de Windows 11, la gran novedad es Windows 365, nueva encarnación del sistema operativo, ahora residente en la nube. La nueva simbiosis une Windows con Azure.

Pese a que en algunas presentaciones lo llaman Cloud PC, no es seguro que esta denominación prospere, porque lo que se busca es que Windows 365 pueda ser ejecutado en cualquier dispositivo, ya sea un PC o en un móvil Android o, por qué no, un iPhone o un iPad.

Lo que significa, de hecho, que el sistema operativo del dispositivo pierde importancia relativa, ya que se podrá entrar en Windows a través de cualquier navegador. Es una voltereta para una compañía que en otros tiempos fue sancionada por su pretensión de fusionar “su” sistema operativo con “su” navegador. Hoy se trata de lo opuesto: desagregar.

Lo que han logrado los desarrolladores de Microsoft es un ´reseteo` completo de Windows para que pueda funcionar en la nube. Una vuelta de tuerca que no significa insistir en el modelo SaaS al uso, aunque se presente como un servicio más dentro del proteico universo cloud. En teoría, ha rediseñado su producto emblemático para adaptar a las necesidades detectadas en las empresas, que conducen a la hibridación, con independencia de que los usuarios estén físicamente en su puesto de trabajo o virtualmente y a distancia.

Si Windows no quiere envejecer, ha de ser híbrido, esta es una de las claves del anuncio. Ciertamente, la pandemia ha alterado la forma de trabajo en las oficinas y lo que se pretende con Windows 365 es cubrir las necesidades de los empleados que van a repartir su trabajo entre la oficina y el hogar. Esto significa, por ejemplo, que un trabajador pueda acceder a su escritorio personalizado de Windows, basado en la nube, tanto si se conecta localmente o desde su casa.

Es cierto que con las herramientas de VDI (Virtual Desktop Infrastructure) ya se podía trabajar en remoto, por lo que la explicación está en la pérdida de peso relativo de Windows: hace diez años, lo empleaban el 85% de lo usuarios, mientras que ahora a duras penas alcanza el 30%. ¿Por qué? Cada día es más frecuente que los usuarios prefieran hacer sus tareas desde un móvil o una tableta que trabajan bajo Android o iOS.

No es que Windows haya dejado de ser un buen negocio para Microsoft: en el tercer trimestre de su año fiscal, los ingresos generados por Windows aumentaron un 8% [y pudo haber sido más sin escasez de semiconductores] mientras la facturación de cloud crecía un 30%. La compañía que preside Nadella asiste a la consolidación de una tendencia: una proporción cada vez más alta de sus ingresos procede de Azure, pero con la adición de Windows 365 esos ingresos deberían ganar más peso específico. La compañía está sobrada de sapiencia sobre cómo combinar la venta de licencias con la suscripción a su software.

Si el envite le saliera bien a Microsoft, una consecuencia serán cambios duraderos en el paisaje del software empresarial. Especialistas de VDI como Citrix o VMware – e incluso la solución propia, Azure Virtual Desktop – tendrán que cuidar mejor sus parcelas de mercado. Los departamentos de TI – muchos de los cuales han descubierto VDI con la pandemia – podrían encontrar en Windows 365 un modo de prescindir de esas soluciones y, al mismo tiempo, de reducir la complejidad de sus entornos: podrán desplegar y gestionar puntos finales virtuales con Microsoft Endpoint Manager. Algún entusiasta ha dictaminado, prematuramente, que con Windows 365 dejarán de ser necesarios los recursos de VDI.

En principio, los CIO y otros responsables de TI se van a encontrar con un dilema nuevo para ellos: podrán adquirir, aprovisionar e implementar y – si lo contratan por separado – contar con actualizaciones automáticas del sistema operativo. Lo que les ofrece Microsoft, en definitiva, es tomarse un descanso de la tediosa gestión rutinaria, liberarse de las complicaciones que supone garantizar el acceso de usuarios remotos. Esta es la teoría.

El novísimo Windows 365 permitirá adaptar las configuraciones a las necesidades de todo el personal y optimizar las experiencias de cada usuario sencillamente. La escalabilidad se anuncia como uno de sus puntos fuertes, a la vez que una fórmula para incrementar los ingresos de Microsoft cada vez que se incorpore un nuevo escritorio Windows.

Todo lo anterior es posible porque Windows 365 funciona en conjunto con el portal Microsoft Endpoint Manager. Gracias a este los administradores podrán aprovisionar y gestionar todos los equipos conectados a la nube, casi de la misma forma que los PC físicos hoy conectados a las redes corporativas. La ventaja es evidente: los administradores pueden escalar la potencia de procesamiento y supervisar el rendimiento de todos esos equipos que están enganchados a la nube. El servicio incluirá análisis integrados, gracias a los cuales el departamento de TI pueda ver el estado en que se encuentran y recibir recomendaciones sobre posibles actuaciones, así como gestionar las actualizaciones.

Además, Microsoft incorporará el nuevo servicio Watchdog, encargado de ejecutar diagnósticos continuos y lanzar alertas cuando las comprobaciones de diagnóstico así lo indiquen. Estas actualizaciones de autoservicio se presentan como otra liberación de los departamentos de TI: los usuarios que tengan determinados permisos podrán ajustar el rendimiento y las capacidades de almacenamiento de sus ordenadores sin necesidad de la aprobación del administrador.

A estas alturas de la descripción resultan claros los presuntos beneficios en la operación – local y remota pero siempre monitorizada – de un parque de PC, virtud que muchos echaron en falta durante la fase de teletrabajo no prevista. Se pretende que desarrolladores y administradores no tengan que intervenir para modificar las aplicaciones que funcionen acopladas a Windows 365.

Este planteamiento, si fuera aceptado masivamente por las organizaciones, podría suponer cambios trascendentales en el mercado de hardware. Los usuarios finales tendrán a su alcance la potencia y prestaciones que van a necesitar para ejecutar determinadas aplicaciones ocasionales.

Uno de los puntos que ha querido destacar Microsoft en su conferencia Inspire de hace pocos días es la seguridad. Nada tiene de extraño en los tiempos que corren. Si se tienen en cuenta los precedentes, cada versión de Windows ha originado, desde el mismo momento de su salida al mercado, una retahíla constante de vulnerabilidades. Ahora, ¡por fin!, en Microsoft se dicen convencidos de tener un sistema operativo a prueba de malware. El mundo entero está sembrado de PC con sistemas operativos antiguos que son focos de problemas de seguridad; no siempre por su antigüedad: el joven Windows 10, ha tenido numerosos incidentes.

El problema, desde el punto de vista de la compañía, no reside en el sistema operativo sino en la cantidad de PC que siguen funcionando con software antiguo y por consiguiente son proclives a recibir ataques. Windows 365 promete facilitar la actualización de las versiones anteriores; un buen argumento de marketing. La teoría dice que, al almacenarse los datos en la nube, estarán mejor protegidos, se acota el riesgo de que un empleado infiel se apropie de ellos. Más aún: el argumentario sugiere que, al prescindir de soluciones VDI usuales hasta el momento, quedaría eliminado otro posible vector de ataques.

¿Cuánto cuestan tantas maravillas? Hasta hoy, Microsoft sólo ha dicho que poco dinero. Dependerá del punto de vista de cada uno, pero desde luego Windows 365 está pensado para que proporcione a la compañía un flujo constante de ingresos, algo parecido a lo que ocurrió con Office. Antes, el usuario compraba una licencia “perpetua” por la que pagaba un precio fijo, estiraba todo lo posible su uso hasta que, al cabo de años, era convencido de que debía adquirir otra.

En la era cloud, ese mismo usuario encuentra mucho más favorable pagar periódicamente por el derecho a disfrutar de una licencia que esta vez es realmente perpetua mientras siga pagando la cuota. Este mecanismo de ingresos recurrentes para Microsoft se quiere trasladar a Windows 365, así de fácil puede ser descrito el modelo de negocio.

¿Funcionará? El primer punto de apoyo es que los nuevos Cloud PC pasan a depender de Azure y de Active Directory, mediante suscripción. La máquina virtual se ejecuta bajo gestión de Microsoft, lo que significa que los administradores no tienen acceso directo. La VM se incluye en la suscripción, pero sin ella adiós a Windows 365. Es un mecanismo de retención que las empresas tienen legítimo derecho a considerar como una relación de cautividad, aunque el discurso comercial la presentará como una liberación. He aquí en estado puro el dilema que plantea el modelo cloud.

De momento, Microsoft no ha comunicado cuál será el precio. Sólo se sabe que habrá dos versiones de Windows 365: Business y Enterprise y que, en principio, las referencias básicas partirán de los 31 dólares por usuario/mes. Habrá que esperar al próximo lunes para que Microsoft dé a conocer la gama completa de esta oferta con la que su producto más clásico cruzará otro umbral.


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