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  29/04/2019

Redes 5G: ¿realmente importa llegar primero?

La enfebrecida competición por el orgullo de ser el primer país en abrir un servicio comercial 5G, está aportando efectos propagandísticos mediocres y hasta contraproducentes. Si los orgullos nacionales están en juego, es justo decir que Corea del Sur ha cruzado antes la meta y promete ofrecer cobertura completa a finales de año: corriendo contrarreloj, Korea Telecom conectó su red a las 23,10 del 3 de abril, ganando así por 50 minutos al operador estadounidense Verizon, que se había propuesto la primicia mundial aunque de momento su cobertura abarca sólo ciertas áreas de Chicago y Minneapolis. Uno y otro sabrán si les ha valido la pena jugarse el esprint de una carrera que debería ser de fondo. 

Tantas eran las expectativas que Ericsson emitió un comunicado la mañana siguiente pregonando que sus equipos soportaban las redes 56 de Verizon, de dos de los tres operadores coreanos, aunque sin dar cifras sobre el número de estaciones base conectadas. A Samsung le faltó tiempo para dejar claro quién manda en su país: el fabricante coreano – no tan notorio como proveedor de infraestructura, pero con la ventaja de jugar en casa – asegura haber suministrado más de 53.000 estaciones base a los tres proveedores coreanos.

Según The Korea Times, el reparto de las 74.000 estaciones base ya conectadas sería el siguiente: 30.000 de KT, 34.000 de SK Telecom y 10.000 de LG Uplus (estas últimas suministradas por Huawei) o sea que de Ericsson habrán sido como mucho otras 10.000, que no deja de ser una proeza. El mismo diario atribuye a fuentes de KT y SKT críticas a Nokia por no haber entregado en plazo los equipos 5G contratados.

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Ericsson volvería a ser protagonista una semana después, al anunciar Swisscom que en mayo pondrá en servicio su propia red 5G, tan pronto como el regulador suizo le autorice a operar en la banda de 3,5 GHz. En este caso, la solución 5G (radio y packet core) de Ericsson ya está instalada en unas 50 localidades helvéticas.

Era inevitable que la atención de los medios se fijara prioritariamente en Estados Unidos, puesto que la administración Trump ha convertido 5G en una prioridad patriótica, al punto de impulsar el veto a Huawei. Y los dos grandes operadores estadounidenses, Verizon y AT&T, se han apuntado a la campaña con tácticas distintas.

AT&T lleva tiempo sustituyendo en los smartphones que comercializa el  logo LTE Advanced por una pegatina de 5GE (de Evolution), como si fueran la misma cosa. Su competidor Verizon denuncia esa actitud como engañosa: “el público necesita saber con claridad qué es 5G para comparar servicios, tarifas y productos, no maniobras de marketing o especificaciones técnicas confusas”, se indigna el CTO de Verizon, Kyle Malady.

La discusión tiene mucho de capciosa, porque Verizon ha arrancado su servicio con una variante que denomina 5GTF, desarrollada desde 2015 junto con Ericsson, Qualcomm, Intel y Samsung. Lo que ha dado pie a AT&T para torpedear a su rival por no ajustarse al estándar internacional aprobado. Todo se enreda cuando el marketing invade las premisas tecnológicas: la próxima liberación de espectro no utilizado podría dar a AT&T la posibilidad de arrebatar a Verizon su dominio histórico sobre el mercado estadounidense, lo que bastaría para explicar la animosidad entre ambas compañías. Para no perder comba, también T-Mobile promete que estará en condiciones de prestar servicio 5G en 2020, pero en su caso está condicionada por la incertidumbre regulatoria sobre su plan de fusión con Sprint.

Desde luego, la estructura del mercado y la geografía estadounidenses difieren de las coreanas, pero es lícito preguntarse si, ya que es una cuestión de prestigio nacional contar cuanto antes con servicios 5G, no tendría sentido que los operadores de Estados Unidos hicieran un esfuerzo conjunto, como han hecho los coreanos. Tal como está diseñada la competencia, es impensable que Verizon y AT&T se  planteen siquiera colaborar.

Hay un elemento tecnológico común a ambos operadores, el uso de ondas milimétricas a una frecuencia superior a los 6 GHz. Tienen un mayor radio de cobertura a la vez que una menor penetración que las de 3,5 GHz, lo que significa que en el interior de los edificios la señal es muy baja y está sometida a frecuentes cortes de servicio. En los primeros días de funcionamiento, la prensa ha aireado este problema.

La velocidad real de transmisión, en todo caso, es de 600 Mbit/s en la red de Verizon, aunque las crónicas señalan que a menudo no supera los 200 Mbit/s y existen zonas oscuras en las dos ciudades escogidas como pioneras [por cierto, Verizon cobra 10 dólares al mes adicionales a los  clientes que quieran elevar su servicio a las prestaciones de 5G]. Mientras, en la red 5GE de AT&T – que no deja de ser una LTE mejorada – apenas se supera la velocidad esperable de una 4G.

Lo decisivo es que ya hay redes 5G en servicio comercial, aunque todavía dependen de redes troncales 4G y de estaciones base provisionalmente adaptadas, debido a que las especificaciones finales no tendrán una redacción definitiva hasta dentro de varios meses. Tiene mérito haber pasado de una fase experimental a otra operativa, aunque sea con un escaso número de usuarios dispuestos a pagar un plus por ese privilegio.

Hay que consignar que el servicio puesto en marcha en Corea del Sur – y el que se iniciará próximamente en Suiza – difieren sustancialmente del que se ha lanzado en Estados Unidos, ya que al funcionar en la frecuencia de 3,5 GHz, por lo que no son directamente comparables.

La prisa con la que ha tenido que trabajar Verizon con la finalidad de batir una meta autoimpuesta hace que las condiciones de conexión actuales tampoco sean representativas de lo que se espera de 5G. Hará falta tiempo para evaluarlo, pero entretanto la compañía  se ha comprometido a ofrecerlo en una veintena de ciudades adicionales antes de finalizar 2019.

Un capítulo viscoso en estos lanzamientos es el de los smartphones que los acompañan. Verizon tendrá que esperar varias semanas antes de vender el Galaxy 10  5G, de Samsung, terminal que ya funciona en Corea del Sur pero no optimizado para trabajar con ondas milimétricas. Mientras tanto, el título de “primer smartphone 5G en servicio” se atribuye al modelo Moto Z3, de Motorola, que en realidad es de 4G pero con un módem externo adosado.

Que Corea y Estados Unidos hayan cogido ventaja temporal no deja fuera de la ecuación a China. En este país, los tres operadores mantienen un perfil bajo en lo que respecta a sus planes de lanzamiento de servicios 5G. A tenor de lo que expresaron durante el Mobile World Congress, no lo harán hasta mediados de 2020. China Mobile – el mayor operador del mundo por número de usuarios –  declarado que para finales de 2019 tendrá desplegadas 10.000 estaciones base, que no son muchos para tanto territorio. También Japón – anfitrión de los Juegos Olímpicos de 2020 – se propone iniciar con ese motivo un servicio 5G presuntamente comercial.

Sería prematuro especular sobre la respuesta de los consumidores de los primeros servicios disponibles. Primero porque son pocos y están mal informados. Segundo, porque las tarifas son provisionales: en Estados Unidos, más altas que las vigentes para 4G, pero no mucho; en Corea del Sur, con una tarifa promocional que es incluso más barata que la ilimitada sobre 4G.

[informe de Lluís Alonso]


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