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  11/09/2020

Epic contra Apple: la guerra de los Timoteos

El conflicto legal en el que se han embarcado Epic Games y Apple a cuenta de las reglas que rigen la AppStore está al rojo vivo. Mientras Epic busca alianzas frente a un adversario tan poderoso, este trata de evitar que otros desarrolladores se envalentonen. Como era previsible, el origen del conflicto – la comisión del 30% sobre las ventas del juego Fortnite – se les ha escapado de las manos y las chispas podrían chamuscar a Google Play. Por el momento, un tribunal federal de California ha dado la razón a Apple sólo a medias tintas: no está obligada a restituir Fortnite en su tienda online pero tampoco puede bloquear la plataforma de Epic y sus herramientas de desarrollo para iPhone.

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Queda mucho por decir. La jueza convocó una nueva vista para el 28 de septiembre y es improbable que las partes se conformen con el veredicto, sea cual sea. Porque la demanda de Epic ayuda a cuestionar la vigencia del verdadero gran invento de Steve Jobs, que no es el hardware sino la “economía de las aplicaciones”. Los desarrolladores se quejan desde hace tiempo de la comisión que tienen que pagar por cualquier transacción en la App Store. Lo que les más les molesta es que se aplique a las ventas in-app o a suscripciones. El éxito de Fortnite ha permitido que Epic Games actuara como punta de lanza de ese movimiento latente de empresas que no se atreven a rebelarse ante la muralla de Apple.

Cuando se habla de economía de aplicaciones, se quiere decir que su valor no reside sólo en las descargas sino en todo lo que las rodea. Sin apps no se venderían smartphones ni los usuarios pagarían las tarifas del operador por ilimitadas que sean. Pero este modelo de negocio tiene un embudo, que son dos beneficiarios, Apple y Google. La implementación de un sistema de pago propio de Epic en Fortnite ha destapado la caja de los truenos.

El movimiento no tiene nada de caprichoso. Estaba tan calculado que, tras la exclusión de Fortnite de la App Store, Epic interpuso inmediatamente la demanda por prácticas monopólicas: 62 páginas que se intuyen redactadas con antelación. A la bronca se añadió la difusión de un impactante vídeo que ridiculiza el famoso anuncio orwelliano del Macintosh (1984) poniendo una manzana podrida en el lugar del Gran Hermano. Además, la compañía ha promocionado su propio medio de pago prometiendo precios más baratos al no tener que pagar el canon del 30%. El CEO de la compañía, Tim Sweeney, ha dicho que la posición dominante de las dos tiendas de apps no justifica ese gravamen a los desarrolladores. Sweeney, poniendo cara de circunstancias, se ha mostrado dispuesto a librar “una dolorosa batalla ahora” contra el estado de cosas.

Hay que recordar que Epic también tiene sus cuitas con Google. También en la actualización de Fortnite en la Play Store trató de introducir su medio de pago y esto llevó a su expulsión. Como en el iPhone, los usuarios que han descargado la app pueden seguir usando el juego, pero no recibirán nuevos contenidos en las próximas versiones. En Android la rigidez no es tan grave porque es posible la descarga desde otros sitios, como la página oficial de Fortnite.

Es un hecho que Epic (con una capitalización de 5.500 millones de dólares) se enfrenta no a uno sino a dos gigantes, aunque su demanda contra Apple tenga más visibilidad. Las pérdidas serán importantes pero los inversores no le han dado la espalda. Fortnite, uno de los juegos más populares del momento, con más de 360 millones de jugadores, está respaldado por marcas como Sony y Tencent.

Lo decisivo será la capacidad de Epic para sumar aliados en su batalla. El momento parece propicio para cargar las tintas sobre Apple: la Comisión Europea abrió en junio una investigación antimonopolio en la que trata de determinar si la combinación de App Store y Apple Pay violan las leyes de competencia. Mientras tanto, el congreso estadounidense tiene en su mira a las grandes tecnológicas (excepto a Microsoft). Precisamente la cuestión sobre el trato a los desarrolladores se hizo hueco en las preguntas a Tim Cook relacionada con la decisión de eximir a Amazon del pago del 30% en su app Prime Video.

Esta aparente discriminación podría animar a otros a la rebeldía. Aunque la mayoría seguirá temiendo quedar atrapados ante fuego cruzado sin haber disparado un solo cartucho. Es el caso de aquellos que usan Unreal Engine, plataforma propiedad de Epic que la cede a terceros: para ser útil, tiene que poder acceder a las herramientas de desarrollo para iPhone, lo único que asegura que sus títulos funcionan correctamente en iOS. La juez a cargo del caso ha considerado que Apple no tiene derecho a cortar el acceso a esa plataforma, pero la preocupación subsiste por la provisionalidad de la sentencia.

La compañía de la manzana ha reaccionado primero con presteza y luego con agresividad jurídica. En este plano, ha presentado una contrademanda en la que acusa a su contrincante de valerse de un subterfugio. No es un argumento descabellado: Epic ha reconocido su intención de forzar una decisión que le permita bajar el precio a los usuarios que compren su moneda virtual, conocida como V-bucks, directamente en lugar de pasar obligatoriamente por el aro del sistema de Apple. A lo que Epic responde que la represalia de Apple “ha lesionado los intereses de millones de usuarios que junto con amigos y familias forman parte de la comunidad de Fortnite”.

Hay más: Apple ha pedido una suspensión temporal en el permiso anterior que distinguía entre Unreal Engine y Epic Games. Este motor de software gráfico es utilizado masivamente por productoras de video para adaptar sus creaciones (no relacionadas con la demanda) al sistema sistema operativo de Apple. Por si fuera poco, Google también se ha dirigido a la jueza González Rogers para solicitarle que tome en cuenta las diferencias entre su Play Store y la tienda de Apple.

Dentro del proceloso mundo de los videojuegos, Epic podría encontrar aliados de altura. Apple ha dejado muy claro que no aprobará que el cloud gaming se cuele en su tienda, porque sería abrir las puertas a xCloud de Microsoft, Google Stadia o Facebook Gaming. La excusa es que no puede revisar individualmente cada título que se ofrezca en estas plataformas rivales, pero lo cierto es que estas compiten con Apple Arcade. A lo que se añade otro factor nuevo: si un desarrollador tiene oportunidad de crear una aplicación cloud accesible desde cualquier dispositivo, quizás esto le disuada de programarla específicamente para iOS, que gravaría las compras in-app con un tributo del 30%. Microsoft y Facebook ya se han quejado de la política de Apple, lo que las convierte en aliados virtuales de Epic.

Dejando atrás el terreno de los videojuegos, el conflicto podría abrir otros frentes. Tanto Netflix como Spotify han protestado reiteradamente por el 30% que detrae Apple de las suscripciones hechas desde las aplicaciones iOS. La primera optó por impedir que los usuarios se suscriban a través de su app, mientras que la compañía sueca de música en streaming ha instigado la investigación de la CE. Porque en estos dos casos, el tan llevado y traído 30% se cruza con el trato de favor que Apple da a sus servicios propios, que al estar exentos de gravamen le permiten jugar con ventaja.

Si la demanda de Epic prosperase y la jueza Yvonne González Rogers fallase en contra de Apple – algo que sin duda recurriría – las implicaciones para iOS podrían ser significativas: sería necesario un rediseño para incorporar cambios de política en la App Store e incluso podría llevar a ciertos cambios en la arquitectura del sistema operativo. Muy inoportunos, cuando la compañía busca un revulsivo que estimule las ventas del iPhone. Un golpe, en cualquier caso, para unos resultados económicos que dependen cada vez más de los servicios, un capítulo que en el pasado trimestre le aportó unos beneficios de 8.840 millones de dólares, con un margen de 67% sobre ingresos. Lo que Apple se guarda celosamente en cuánto representa el famoso 30% en esos resultados, pero algo se puede intuir con la estimación de que en un par de años sólo la App Store podría ingresar más de 22.000 millones de dólares.

Este conflicto no tiene relación directa con otro mercado agitado, el de las consolas, por definición cerrado, pero en el que Epic ingresa no poco dinero.

A pesar de las apariencias, no será fácil convencer a los tribunales de que se trata de una práctica monopólica. La clave está en cómo se delimite el mercado. Si queda definido por los servicios digitales para smartphones, el argumento sería débil al comparar los 1.400 millones de usuarios de iPhone con los 2.500 millones de Android. Pero, si se considerase que la App Store es un mercado en sí misma, el enfoque podría ser más exigente: sería la primera vez en que una compañía sea calificada como monopolista en un mercado que ha creado para sí misma.

[informe de Pablo G. Bejerano]


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