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  12/05/2020

Ante la crisis, Samsung promete invertir más

A pesar de las incertidumbres en todos sus segmentos de mercado, Samsung Electronics ha decidido echar el resto para tranquilizar a sus accionistas con un mensaje: está en condiciones de competir en tecnología y en imagen de marca con cualquier rival que se le enfrente. Puesto que los resultados del primer trimestre eran conocidos con carácter preliminar, la gran novedad ha sido la inversión en I+D, que supera el récord del cuarto trimestre de 2018 y que se espera mantener creciente este año. Sus previsiones contemplan un impacto negativo como consecuencia de la pandemia, pero el coloso coreano se compromete a  invertir más de 20 billones de won (16.400 millones de dólares) en 2020.

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No es una respuesta habitual ante la coyuntura. En los próximos diez años, tiene previsto invertir 133 billones de won (99.300 millones de dólares al cambio actual) en I+D, un órdago lanzado a la cara de la taiwanesa TSMC, que controla la mitad del negocio mundial de producción de chips por encargo. “Nunca hemos sido menos que Taiwan, presumió Kim Ki-nam – el ascendente VP de la división que representa el 43% de la facturación de Samsung – y es un hecho que les hemos arrebatado grandes clientes”.

El aumento interanual de la facturación de esa división – formalmente denominada Device Solutions pero en la práctica dominada por los semiconductores – ha sido del 17% en el primer trimestre, lo que ha permitido que el grupo registrara un aumento del 6%, a despecho del descenso de sus dos negocios más notorios para el público: la electrónica de consumo (- 1%) y los dispositivos móviles (-4%).

Las ventas de memorias RAM y de procesadores de aplicaciones han seguido una pauta creciente, gracias a la vigorosa demanda originada por el  boom de los centros de datos, con las que Samsung ha compensado holgadamente la caída de sus ventas de televisores, pantallas y smartphones.

En resumen, los ingresos mejoraron un 5,6% hasta 55,33 billones de won (45.400 millones de dólares o 41.400 millones de euros) y el beneficio operativo aumentó un 3,5%, mientras que el beneficio neto bajaba ligeramente.

La compañía afirmó, sin dar fundamentos, que estas tendencias se van a mantener en el segundo trimestre, lo que no significa que los porcentajes se repetirán. Los analistas coreanos consideran que la postcrisis pondrá a prueba la capacidad comercial de Samsung ya que de su fortaleza industrial nadie alberga dudas. E incluso son comprensivos con la decisión de no adelantar un pronóstico anual del que luego arrepentirse.

La principal inquietud radica, según la prensa de Seúl, en el mercado de  smartphones. Hasta hace muy poco, la compañía tenía puestas esperanzas en entrada en servicio generalizada de las redes 5G, para las que ha desarrollado una gama de modelos que incluye la gama alta de los S20 y también varios de la serie A [A51 5G y A71 5G] a precio más asequible. Contaba con ganar terreno a Apple, que lleva retraso por otras razones y a Huawei, bloqueada en Estados Unidos. En esas estaba Samsung cuando la COVID-19 vino a destrozar esa expectativa: la caída del mercado mundial ha sido del 11,7% y la de Samsung del 18,9%, según las cifras de IDC.

En este contexto se entiende mejor que Samsung privilegie la inversión en aquello que muy pocos pueden disputarle, su lugar en el mercado de semiconductores. Libra con TSMC una batalla encarnizada por liderar los procesos avanzados de producción: van a la par en los de 7 nanómetros pero el fabricante coreano se había propuesto madrugar con el de 3 nm. Aparentemente, ha abandonado la promesa de entrar en producción en 2021, pasándola al año siguiente, cuando puede que su rival esté en forma para darle alcance.

Hace poco más de dos meses, Samsung celebró con gran pompa la apertura de una línea de producción en su fábrica de Hwaseong, al sur de la capital, que fabrica chips de 7 nm con la nueva técnica de litografía ultravioleta extrema (EUV) en la que sólo TSMC puede competir hoy en día.

El año pasado, las memorias proporcionaron a Samsung algo más del 50% de su beneficio operativo, situación que será casi imposible repetir en 2020, con un mercado alborotado pero la única manera de seguir avanzando es invertir en I+D. La compañía ha iniciado la producción en masa de memorias flash de 512 GB, que califica como “el almacenamiento móvil más rápido disponible, de manera que los usuarios no tendrán que preocuparse con los cuellos de botella de sus tarjetas convencionales”. Para que el público entienda el interés de la proeza, sus directivos han explicado que estas memorias suponen que los usuarios podrán almacenar en un smartphone archivos voluminosos de vídeo 8K o varios cientos de fotos de alta resolución o bien transferirlos desde un dispositivo a otro en menos tiempo: 1,5 minutos bastarán para mover 100 GB, tarea que ahora requiere 4  minutos.

En el plano corporativo, siempre en sordina de cara a la prensa, Samsung tiene en este momento un problema regulatorio con ribetes de política nacional. Sus acciones se han comportado relativamente mejor que  otras del Kospi 200, lo que no es tan bueno como puede parecer, ya que implica que sobrepasa el límite del 30% en la composición del índice de la bolsa coreana. La política del gobierno actual, propende a debilitar el peso dominante de los conglomerados familiares (chaebol) en la economía coreana, alineando sus reglas con la legislación occidental. Este ha sido un reclamo permanente de los inversores institucionales de fuera del país.

En este marco se puede insertar una noticia de los últimos días. El vicechairman del grupo, Lee Yae-jong, quien espera la resolución de su recurso contra una condena, ha declarado a la prensa de su país que sus dos hijos, todavía menores, no se incorporarán a la estructura de Samsung y, por consiguiente, no perpetuarán el control dinástico sobre la compañía que fundara su abuelo en 1938.


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