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  20/02/2020

El coronavirus infecta a la industria asiática

La crisis del coronavirus ha desnudado la vulnerabilidad del sector tecnológico ante la globalización de la que durante años se ha lucrado.  “Cuando China estornuda, el mundo entero se constipa” es un aserto muy real cuando se trata de una industria que se apoya en una compleja trama de múltiples cadenas de producción, suministro y logística que tienen como  epicentro el gigante asiático. Se vive una auténtica disrupción, en el peor sentido del cliché. A estas fechas, el debate sobre si había que cancelar o no el Mobile World Congress suena ridículamente provinciano. La epidemia no está controlada, ni mucho menos, pero hoy toca escribir sobre la parálisis  de una industria y su mercado.

Si se echa la vista atrás, hasta 2003, año del estallido de una epidemia que fue menos virulenta, el SARS, se comprueba que el rol de China en el contexto global se ha agigantado desde entonces. La proporción del país en el comercio global se ha duplicado y su influencia en la fabricación de todo tipo de componentes, bienes intermedios y productos finales no deja de crecer.

Por responsabilidad ante sus accionistas, Apple ha sido la primera gran empresa en reconocer públicamente la imposibilidad de cumplir con sus previsiones de producción. Pero es que verdaderamente Apple no es una industria sino un engranaje muy bien engrasado, una red de proveedores  cuya pieza más conocida, Foxconn, afronta el reto de mantener vivas sus plantas y el sistema logístico del que forman parte. El “retorno a las condiciones normales está siendo más lento que lo imaginado”, admite el comunicado de la compañía.

Distinto es el caso de Huawei. Las dificultades creadas por el veto de inspiración trumpiana se redoblan con las de tener la producción altamente concentrada en su propio país. La epidemia no sólo ha perturbado aún más la función logística de la compañía sino que ha forzado el cierre de la mayoría de sus 4.900 tiendas en China, que con sus ventas venían compensando la pérdida de mercados occidentales.

Los retrasos en la reapertura de nuevas plantas tras la pausa del nuevo año lunar, seguidos de cierres temporales de otras, están asociados al brote vírico. IDC ha difundido un informe según el cual el impacto será más severo en el sector de las TIC que en otros de la industria china. Si así fuera, tal vez se deba a que la industria manufacturera ha intentado mantener la normalidad más allá de lo aconsejable. En Shenzhen, polo meridional donde tienen su sede Huawei y ZTE, entre muchas otras empresas, el número de contagios ha llegado a triplicarse, al punto de que en ciertos días se registraron más ingresos hospitalarios que en Wuhan, la ciudad donde empezó el desastre.

Sobre la gravedad del riesgo, hay suficiente consenso; sobre su duración, no podría haberlo porque es terreno desconocido. IDC, con la fuerza de la costumbre, se atreve a afirmar que los peores efectos se circunscribirán al primer trimestre de 2020 y se reducirán en el segundo. Ojalá sea así. Pero como a todo pronóstico hay que ponerle cifras, la consultora estima que la caída será del 10% para el sector en su conjunto en estos primeros meses, con picos del 30% en las ventas de PC y smartphones, y del 15% o más en las de hardware para centros de datos. Ni siquiera la actividad del segmento de software podrá librarse de sus efectos.

Y no se trata sólo de China. Según un análisis del Japan Center for Economic Research, la economía surcoreana se verá perjudicada en unos 500 millones de dólares por la combinación de menores exportaciones de productos terminados y la caída de suministro de componentes chinos. Un ejemplo citado es el de Hyundai, cuya producción de coches en Corea se ha reducido al mínimo ante la falta de componentes electrónicos de importación. Como una mancha de aceite, el impacto se propaga a Japón, Vietnam y Malasia.

En Taiwan, que pese a no mantener relaciones políticas con Pekín tiene plantas en el continente, “la disrupción [nótese la acepción negativa de un término desgastado por el marketing] del mercado de la producción de smartphones en China probablemente obligue a paralizar plantas en la isla, donde no se han registrado episodios de coronavirus”.

Los pronósticos llegan aderezados con noticias. Nvidia ha dicho al presentar sus resultados que prevé un descenso de 100 millones de dólares en su facturación del primer trimestre. Sus accionistas tienen al menos el consuelo de que el cuarto trimestre se cerró con crecimiento récord.

Se está poniendo énfasis en los problemas logísticos – añadidos a los creados por el enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y China – pero otro gran problema del que se habla poco es la carencia de mano de obra disponible. Buena parte de los productos finales se ensamblan en las fábricas continentales de las taiwanesas Foxconn, Pegatron y Quanta, que han sido tocadas por las restricciones de movimiento y las cuarentenas obligatorias.

Wuhan sale todos los días en la prensa y con razón. También. Se ha escrito mucho sobre Wuhan, meca de la industria del autómovil, pero no le va a la zaga la provincia costera de Guangdong (antigua Cantón para los occidentales), donde está radicada buena parte de la industria de tecnología. El gobierno local sólo ha autorizado excepcionalmente la reapertura de compañías cuya producción se considera esencial, como Tongyu, fabricante de antenas para estaciones base 5G, cuyos primeros clientes son ZTE y Ericsson.

La misma sensación de insuficiencia de información en el ámbito sanitario se replica en la esfera económica. No se sabe a ciencia cierta qué fábricas están operando y a qué nivel de su capacidad. En cuanto a los suministros, no sólo están padeciendo efectos secundarios del brote sino que contribuyen a una suerte de efecto dominó.

Los cuatro productos sobre los que más agudamente se están percibiendo las consecuencias son: semiconductores, pantallas, teléfonos móviles y PC portátiles. Sólo en el mercado de smartphones, las previsiones originales en China para el trimestre se han rebajado un 15% y aun así podrían resultar timoratas. Cuatro de las principales marcas locales – Huawei, Oppo, Vivo y Xiaomi – han rebajado sustancialmente sus previsiones de distribución. Una estimación oficiosa – como todas – indica que la suma de las cuatro recortarán las entregas a un máximo de 84 millones de unidades, un 15,2% menos.

Por el momento, los consumidores occidentales no se han dado por enterados, pero el canal de distribución empieza a apuntar los nombres de empresas hasta ahora desconocidas pero que son clave. Sin ir más lejos, ¿cuántos lectores de este blog conocen ASE Technology, importante outsourcer de montaje para Apple y Huawei? No la conocen ni falta que les hace, pero esta firma taiwanesa, con varias plantas en el continente, ha visto bloqueado casi en su totalidad el circuito de producción.

Asimismo, no muchos han oído hablar de Chunghwa Precision, que se ocupa de testear chips para Apple, Huawei y Qualcomm, con el agravante de estar ahora inmersa en la fase de certificación de los dispositivos 5G. Si no se prueban no llegarán al mercado.

Mal lo están pasando los fabricantes de pantallas. Empresas como BOE Technology, Tianma Microelectronics y CSOT (China Star Optoelectronics Technology), cuyas plantas se encuentran precisamente en Wuhan, a duras penas consiguen hacerlas funcionar al 30%. Un exhaustivo reportaje de Nikkei Asian Review vaticina que normalizar la producción llevará meses, suponiendo que antes remita la extrema gravedad de la epidemia, porque una vacuna contra el coronavirus puede tardar hasta 18 meses.

Se ha querido ver una excepción en Samsung Electronics por el hecho de que buena parte de su producción radica en Vietnam e India y a que “por suerte” ha cerrado hace meses su fabricación de smartphones en China ante la debilidad de las ventas. La excepción no es del todo cierta: Vietnam, la mayor base de producción de la compañía fuera de Corea, fabrica los dispositivos de alta gama y su peso relativo en el total no supera el 30%. Además, muchos de los componentes que se integran en Vietnam proceden de China.

A propósito, hay miles de contenedores retenidos en la aduana, a lo que debería sumarse el efecto de la cuarentena de dos semanas que deben observar los camioneros chinos que cruzan la frontera vietnamita. Aunque, conscientes de la importancia de Samsung en su PIB, las autoridades de Hanoi hacen lo posible por dar preferencia a esta compañía en el tránsito fronterizo.

Así las cosas, Digitimes Research ha sometido a revisión sus propias proyecciones de mercado publicadas, como es costumbre, a finales de 2019. Basándose en la experiencia vivida en 2003 con el SARS, confía en que hacia finales de junio la actual epidemia estará contenida. Calcula un desplome de venta de smartphones en China este año de un 30%, pasando de los 400 millones inicialmente pronosticados a 280 millones. Lógicamente, el mercado mundial se resentirá fuera de China, pero caería sólo un 20% hasta los 800 millones de unidades, bajando por primera vez en años de los 1.000 millones. En la visión más pesimista – que el brote se prolongue hasta finales de 2020 –  la caída en China (primer mercado del mundo) podría alcanzar el 40% (160 millones de unidades). Calamitoso.

A pesar de todo, hay excepciones al pesimismo. El gran fabricante chino de semiconductores SMIC anuncia que este año duplicará su capex y aumentará la facturación más de un 10%. Se desmarca así de los problemas de producción en su país y afirma que sus plantas de Shanghai, Pekín y Tianjin están funcionando a pleno rendimiento. Es Una noticia llamativa, porque entre su clientela se encuentran prácticamente todas las marcas chinas. Por su parte, el líder mundial como contratista de fabricación de semiconductores, TSMC, de nacionalidad taiwanesa pero con presencia industrial al otro lado del estrecho de Formosa, sostiene que no ha parado en ningún momento su producción: a mediados de enero, mantenía una previsión de crecimiento en el 20%.

En espera de más noticias, que ojalá sean mejores, queda fuera de duda la vulnerabilidad de la economía global respecto de las industrias asiáticas, más o menos ´satelizadas` por China. El ya mencionado Japan Center for Economic Research – basándose en las escrupulosas tablas de Input-Output – calculan en 10.000 millones de dólares el valor de la caída de la industria manufacturera china. Y dando veracidad a su condición de “factoría del mundo”, se traduciría en un coste de 6.700 millones de dólares para el resto del mundo.

[informe de David Bollero]


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